Colaboración Público-Privada: La única vía para enfrentar los grandes desafíos mineros
Representantes del Ministerio de Minería, el Consejo Minero y el AMTC analizan cómo la articulación entre el sector público, la industria y la academia resulta indispensable para destrabar proyectos, fortalecer el capital humano e impulsar a Chile como exportador de tecnología minera para el mundo.
Los desafíos que enfrenta actualmente la minería tienen un nivel de complejidad que hace inviable que sean resueltos por un solo actor del ecosistema; se requiere un trabajo común. La colaboración entre el sector público, la industria y la academia ha dejado de ser una opción y se ha convertido en una condición necesaria para la competitividad futura del sector.
Se trata de una temática transversal en todo el ecosistema que exige transformar el diálogo en una agenda común. Para abordar este eje clave, conversamos con María Luisa Baltra, Jefa de la División de Estrategia y Políticas Públicas Mineras del Ministerio de Minería, Joaquín Villarino, Presidente Ejecutivo del Consejo Minero y Rodrigo Cortés, Director Ejecutivo del AMTC, quienes profundizaron en la importancia de mejorar la calidad y alcance de esta colaboración.
“Cada actor aporta capacidades diferentes, pero complementarias. Necesitamos identificar conjuntamente los problemas estratégicos de la minería, desarrollar tecnologías en estrecha interacción con las operaciones mineras, probarlas en condiciones reales y generar mecanismos que permitan pasar desde un prototipo exitoso a su adopción y escalamiento industrial. Si somos capaces de hacer eso, la oportunidad para Chile va mucho más allá de producir minerales. Podemos desarrollar una industria de proveedores tecnológicos, empresas de base científica y tecnológica y spin-offs universitarias capaces de generar soluciones para la minería nacional y exportarlas al resto del mundo”, sostiene Rodrigo Cortés, del AMTC.
“Superar estas brechas no depende de un solo actor ni significa reducir los estándares socioambientales, sino que exige una evaluación con rigurosidad, coordinación y plazos predecibles. El Estado debe proveer certeza regulatoria y modernización administrativa; las empresas, la inversión, sostenibilidad y capacidad operativa; y la academia, la formación de capital humano avanzado y soluciones tecnológicas. Actualmente vemos ejemplos muy exitosos de esta articulación, como la red ‘Compromiso Minero’ —que unifica a más de 115 organizaciones del ecosistema— y la propia Corporación Alta Ley, que funciona como un nexo estratégico de I+D”, explica Joaquín Villarino, de Consejo Minero.
“Somos parte de la sociedad, en la cual las alianzas son necesarias especialmente pensando en un mejor futuro para el país. Ello requiere analizar la situación actual, poder revisar qué aspectos pueden y deben mejorar, buscar mecanismos que permitan avanzar. Claramente no se puede hacer todo de una vez, por lo que estos meses nos hemos concentrado en aquellos aspectos que deben mejorar para dar certeza y simplificar los procesos de permisos, manteniendo los estándares necesarios, de manera que, con reglas claras, podamos sentarnos a conversar, evaluar aquellos temas que requieren de análisis y abrir espacios a nuevos desafíos”, destaca María Luisa Baltra, del Ministerio de Minería.
Diagnóstico del sector: Principales desafíos
Desde su ámbito de acción, ¿cuál considera que es hoy el principal desafío que enfrenta la industria minera?
María Luisa Baltra: Más que en la industria minera, el desafío está en el desarrollo de la actividad minera, en todos sus ámbitos, pues su desarrollo genera empleo, oportunidades y nuevas iniciativas. A ello se suma la necesidad de reglas claras que permitan simplificar los procesos, manteniendo los estándares necesarios y saber cómo enfrentar los requerimientos que surgen tanto de la industria, del país y del ámbito internacional.
Para ello, se está analizando y trabajando diversos aspectos vinculados al desarrollo de la actividad minera, entre ellos la búsqueda de incentivos a la exploración minera, solucionar aspectos jurídicos que han afectado especialmente a los pequeños y medianos mineros en torno a la obligación de amparo, avanzar en la implementación de la ley marco de permisos sectoriales, entregar reglas claras para dar certeza en el desarrollo de la actividad, entre otros.
Joaquín Villarino: El principal desafío es transformar las oportunidades que ofrece la demanda mundial por minerales críticos en nuevos proyectos y mayor producción. Chile cuenta con recursos, experiencia, capital humano y una importante cartera de inversiones, pero enfrenta plazos de tramitación extensos, altos costos y una pérdida de competitividad frente a otras jurisdicciones. Abordar estas brechas no significa reducir los estándares ambientales, sino evaluar los proyectos con rigurosidad técnica, mayor coordinación institucional y dentro de plazos razonables y predecibles.
Rodrigo Cortés: El principal desafío es lograr que la minería siga siendo competitiva y, al mismo tiempo, avance hacia una operación mucho más segura, eficiente y ambientalmente sostenible. Es un desafío multidimensional, pero destacaría tres transformaciones que están ocurriendo simultáneamente:
- Mantener la productividad y rentabilidad frente a una minería de mayor complejidad. En este escenario, la investigación, la innovación y la incorporación de tecnología dejan de ser elementos complementarios y pasan a ser condiciones para sostener la competitividad de la minería.
- Transformar el modelo operacional para reducir significativamente su huella ambiental. Debemos avanzar hacia una minería eléctrica, automatizada y crecientemente autónoma, donde la electrificación, la automatización, la inteligencia artificial y la optimización integrada permitan rediseñar procesos completos y no simplemente reemplazar tecnologías existentes por alternativas eléctricas.
- Contar con el capital humano y el ecosistema de innovación capaces de transformar conocimiento en soluciones que lleguen efectivamente a las operaciones mineras. Chile tiene capacidades científicas y tecnológicas relevantes, pero necesitamos fortalecer mucho más la conexión entre universidades, centros de investigación, proveedores tecnológicos y compañías mineras. Mi impresión es que el desafío ya no es simplemente desarrollar más tecnología, sino acelerar su adopción.
Líneas de acción estratégicas
¿En qué áreas concretas (gestión del agua, energía limpia, desarrollo de proveedores, infraestructura territorial) ve mayor potencial para generar alianzas efectivas?
María Luisa Baltra: Existen grandes posibilidades de alianzas en materia de proveedores e infraestructura territorial, entre otras. Esto conlleva un trabajo con otros entes del Estado por cuanto debe existir sincronía en las actividades y respeto al ordenamiento jurídico. En este último caso, la evaluación de la normativa que nos regula, el levantamiento de la información, y cómo conversa en diversos ámbitos del desarrollo es fundamental.
Joaquín Villarino: Vemos un potencial transformador en todas estas áreas, porque la minería chilena actual ya no solo extrae minerales, sino que se ha convertido en un proveedor de soluciones de manera transversal.
- Gestión del agua: Hemos impulsado una verdadera revolución hídrica girando hacia el mar. Hoy cerca del 40% del consumo de agua en la gran minería proviene del mar y, según proyecciones de Cochilco, superaremos el 67% hacia la próxima década. El mayor potencial de alianzas aquí radica en la infraestructura hídrica compartida.
- Energía limpia: El sector dejó atrás la dependencia de los combustibles fósiles para convertirse en el principal motor de las energías renovables en Chile. En la actualidad, prácticamente toda la energía eléctrica contratada por nuestros socios proviene de fuentes limpias.
- Desarrollo de proveedores: La meta debe ser exportar minería y no solo minerales. La articulación público-privada debe enfocarse en que los proveedores locales incorporen tecnología, conocimiento y escala para exportar sus soluciones al mundo, consolidándose como nuevas industrias líderes que ayuden a diversificar la matriz productiva del país.
- Infraestructura territorial: El gran desafío es que recursos como el Royalty Minero se traduzcan en mejor calidad de vida a nivel local. Aquí vemos un enorme potencial en modelos de colaboración donde la industria minera aporta su capacidad de gestión técnica para el diseño de obras de infraestructura pública de alto impacto, mientras que el Estado, a través de los Gobiernos Regionales, canaliza el financiamiento para su ejecución.
Rodrigo Cortés: Veo oportunidades de colaboración prácticamente en todas las áreas planteadas, pero hay un ámbito que considero especialmente estratégico para Chile: el desarrollo de tecnologías que permitan una minería más eficiente y sostenible de los recursos que el país posee en abundancia. El mejor ejemplo actualmente es el litio. Chile cuenta con una de las mayores dotaciones de recursos de litio del mundo y enfrenta una demanda global creciente asociada a la electrificación y la transición energética. Al mismo tiempo, el desarrollo futuro de esta industria plantea desafíos tecnológicos muy relevantes, particularmente en materia de uso eficiente del agua, recuperación de litio, eficiencia energética y reducción de impactos ambientales. La Estrategia Nacional del Litio ha puesto precisamente el desarrollo de nuevas tecnologías de extracción, incluyendo tecnologías de extracción directa de litio, como uno de los ámbitos en los que Chile debe generar capacidades. Aquí existe una oportunidad extraordinaria para construir alianzas entre el Estado, las empresas, las universidades y los centros de I+D.
Innovación y transferencia tecnológica
¿Cómo evalúa la articulación actual para la investigación y transferencia tecnológica en la minería? ¿Qué falta para consolidar un ecosistema de innovación robusto entre Estado, empresa y universidad?
María Luisa Baltra: Ha habido avances, pero siempre existe la posibilidad de mejorar, por lo que próximamente estaremos invitando a distintos actores para conversar, escuchar y ver alternativas que permitan continuar en este ámbito.
Joaquín Villarino: La minería chilena ha experimentado una transformación importante, incorporando centros integrados de operación remota, inteligencia artificial, analítica predictiva y flotas de camiones autónomos. En este proceso, la articulación entre los distintos actores ha dado pasos relevantes. La Corporación Alta Ley se ha ganado un espacio fundamental en el ecosistema minero para la transferencia tecnológica, mediante el desarrollo de hojas de ruta al 2035 y el impulso a la innovación junto con proveedores de base local.
Sin embargo, para consolidar un ecosistema de innovación verdaderamente robusto, todavía debemos acelerar el paso desde el pilotaje hacia la implementación industrial a mayor escala. Para ello, necesitamos instrumentos de fomento estatal más ágiles y adaptables a los tiempos de la tecnología; que las compañías continúen abriendo espacios en sus faenas para validar y adoptar innovaciones desarrolladas en Chile, siempre resguardando los estándares de seguridad operacional; y que la academia y los centros de formación técnica respondan con rapidez a las nuevas competencias digitales que demanda la industria. Si logramos articular eficientemente a estos tres actores, podremos superar el trabajo en silos y desarrollar las capacidades tecnológicas y exportadoras que el país necesita para el futuro.
Rodrigo Cortés: Chile ha avanzado significativamente en la articulación entre Estado, industria y academia, pero todavía estamos lejos de tener un ecosistema de innovación minera plenamente consolidado. Durante la última década, Chile ha realizado un esfuerzo muy importante en la formación de capital humano avanzado y en el fortalecimiento de sus capacidades científicas y tecnológicas. Hoy contamos con investigadores, universidades y centros especializados capaces de abordar problemas complejos de nuestra minería. El desafío es lograr que ese conocimiento se transforme con mayor velocidad en tecnologías que sean probadas, validadas, escaladas y finalmente adoptadas por la industria.
En mi opinión, ahí está actualmente uno de los principales puntos débiles del ecosistema. Tenemos capacidades relevantes, pero la articulación sigue siendo, en muchos casos, fragmentada y dependiente de proyectos específicos. Necesitamos avanzar hacia alianzas de largo plazo, con agendas tecnológicas compartidas entre compañías mineras, proveedores, universidades, centros de I+D y el Estado. Esas agendas deberían definir problemas prioritarios, recursos, responsables y, sobre todo, métricas que permitan evaluar no solamente publicaciones o prototipos desarrollados, sino también tecnologías efectivamente implementadas, impacto productivo y ambiental y creación de nuevas capacidades y empresas.


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